| El agua enciende el fuego y al ardor Mauricio |
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| Escrito por Daniel Fabián Chaves | ||||||
| Domingo, 21 de Febrero de 2010 20:15 | ||||||
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Advierto al lector que desconozca el cancionero de Joaquín Sabina, que el título de esta nota esconde una reminiscencia irónica de una canción del español, cuyo estribillo reza “el agua apaga el fuego y al ardor los años”.
En la peculiar Ciudad Autónoma de Buenos Aires parece que tal aseveración continúa funcionando en un sentido inverso. Las inclemencias climáticas (alteraciones globables mediante) padecidas en la pasada semana, echaron por tierra todas las previsiones de propios y extraños, y la gestión Macri se vio “inundada” de conflictos y repudios frente a la inercia que continúan evidenciando en materia de acción sociocomunitaria y de resolución de problemáticas estructurales, en el diseño urbano de la región. Claro, para cambiar el sentido de las calles, o para cerrar centros culturales y teatros independientes, para pulverizar toda posibilidad de los vecinos del ala sur de la ciudad, para consensuar políticas educativas inconsultas con el cuerpo docente y aspirar a que quien decida sobre las mismas sea un reivindicador explícito del Proceso; para legalizar el uso de instrumentos símil picana eléctrica, o para sentarse con otros sectores tan rancios como ellos a la hora de articular una oposición destructiva en el Parlamento… para eso les sobran recursos, ingenio y capacidad. Pero para encarar desde su primer día de gestión la tarea de solucionar (o al menos intentarlo seriamente) los enormes desastres arquitectónicos, de desagües, habitacionales y hasta alimentarios y laborales que padece una vasta porción de la población capitalina, nunca hubo tiempo ni propuestas… Ante el nuevo colapso que se produjo el viernes por la tarde, el jefe de Gabinete porteño, Horacio Rodríguez Larreta, resaltó que los equipos de Gobierno porteño trabajaron “toda la noche desde la tarde ayudando a la gente” afectada por el temporal de lluvia. En las estaciones ferroviarias de Coghlan y Liniers, dos personas murieron electrocutadas cuando cruzaban las vías en medio de la tormenta.
La incompetencia
El lunes, el Gobierno porteño le echó la culpa de la inundación a la falta de alerta meteorológica que impidió que se solicitara a los vecinos que no sacaran las bolsas de residuo que luego taparon las alcantarillas. El viernes, se insistió en que la causa principal fue, otra vez, el desborde del arroyo Maldonado, que corre debajo de la Avenida Juan B. Justo. Lo cierto fue que en barrios como Villa Crespo, Palermo, Almagro o Caballito, el paisaje tenía similitudes elocuentes al de las islas del Tigre. Avenida Santa Fe se tuvo que cruzar en gomones del cuerpo especial de rescate de la Policía Federal…
Psicosis colectiva
Se llegaron a mostrar algunas cacerolas de lógica indignación, aisladas en barrios emblemáticos de la clase media porteña. Pero en ese aspecto, no debiésemos ignorar que la bronca que hoy manifiestan varios de esos vecinos maltratados por las contingencias climáticas, fue la misma euforia en tiempos de triunfos PRO, ayer nomás, y quizás serán los mismos que se den un “baño de progresismo” mañana (pero un progresismo bien livianito, ¿eh?, nada profundo, nada que los haga sentir que van a vivir “como en Venezuela o Cuba”) y la reconciliación gorila, nuevamente, en un andar cíclico bastante reiterativo.
Es tan previsible que hasta aburre recorrer los procesos que volvemos a transitar asiduamente. Políticamente, hay una tendencia histórica hacia la toma de posturas tan oscilantes que la ciudad – puerto se transforma en apetecible bocado para los estrategas oportunistas y con propuestas meramente circunstanciales.
Más allá de esta puesta sobre claro del perfil de muchos reclamantes, cacerola en mano versión 2011, todo ello se produce como consecuencia directa de la ausencia de Gobierno en la Ciudad, para encarar las tareas de gestión pública para las cuales una vasta mayoría, supuestamente, eligió al actual gobierno porteño.
Mientras tanto, el agua fluye y nadie sabe, a ciencia cierta, qué hacer al respecto. Con el micrófono en mano “todos son Gardel”, quizás. Pero la ausencia de medidas potentes alarma, al tiempo que la demagogia ajena, cuando menos, entristece.
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| Última actualización el Domingo, 21 de Febrero de 2010 20:22 |







